Hielo con mi nombre dentro
EstrellaNo reconocí el sonido. Dijiste Estrella como quien parte un higo maduro con las manos, sin cuchillo, y algo se abrió que yo no sabía que tenía semillas.
Toda mi vida lo he oído en la boca de mi madre, con prisa, en la lista del médico, sin color, en la etiqueta del buzón, mojada por la lluvia de octubre.
Pero tú lo dijiste despacio, como quien prueba si el hielo aguanta el peso de un cuerpo: un pie primero, luego el otro. Esperé la grieta. No llegó.
La ese se quedó un segundo de más entre tus dientes, y en ese segundo fui otra, una mujer recién sacada del horno, todavía blanda, todavía capaz de hundirse si alguien apoyaba un dedo.
Ahora, frente al espejo, antes de salir, digo mi nombre y no reconozco la voz. Se adelanta un paso, se parece a la tuya. Ya no sé a quién estoy llamando cuando me llamo.